101 ANIVERSARIO DEL GENOCIDIO ARMENIO  

 
 
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25-01-2012 | CATEGORÍA: GENERAL (clic)  Visitas 2989 | Comentarios 2
 

NOTA DE BBC: URUGUAY FUE EL PRIMER PAÍS EN RECONOCER EL GENOCIDIO ARMENIO

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DOCUMENTAL DEL RECONOCIMIENTO
DEL GENOCIDIO POR PARTE DE URUGUAY EN 1965

 
El parlamento francés acaba de aprobar un proyecto de ley que pretende penalizar la negación del llamado genocidio armenio bajo el imperio otomano, un episodio de comienzos del siglo pasado cuya existencia es reconocida oficialmente en solo 20 países. El primero en hacerlo fue Uruguay, hace cerca de medio siglo.
 
Las reacciones al controvertido proyecto de ley se oyeron principalmente en París, donde cientos de turcos y armenios se manifestaron en contra y a favor de la propuesta, respectivamente. El gobierno turco ha protestado con vehemencia a la decisión francesa. Pero los ecos de la discusión llegaron a Uruguay.
 
El país sudamericano es uno de los principales destinos de la diáspora armenia en Latinoamérica.

"Hemos seguido muy de cerca el episodio a través de nuestros contactos con la comunidad armenia francesa", aseguró a BBC Mundo desde Montevideo Federico Waneskahian, del Consejo Causa Armenia de Uruguay, refiriéndose a la discusión histórica en torno a la matanza de cientos de miles de armenios de mano del imperio otomano a comienzos del siglo XX.
 
Recordando el genocidio
 
Cuando la mayoría de las naciones occidentales no se pronunciaban sobre el hecho, Uruguay sentaba un precedente y condenaba el episodio en una resolución de su asamblea fechada en 1965.
 
"En este año de 1965 se cumplen los 50 años de uno de los genocidios más terribles que ha conocido la historia. En tierras del cercano oriente, en lo que era el viejo y ya decadente Imperio Otomano, se cometió con terrible frialdad el peregrinaje hacia la muerte del pueblo armenio, cuya construcción había determinado previamente un núcleo tan joven como despiadado de políticos."
 
Apenas 20 países reconocen oficialmente el genocidio armenio.

Así comienza el texto de la Resolución de la Asamblea General de Uruguay del 22 de abril de 1965 clic (léalo aquí), en lo que constituye el primer reconocimiento público de un gobierno al llamado genocidio armenio.
 
Más adelante el texto asegura que "un pueblo entero fue condenado a morir. Se pretendió desechar en un país a una minoría, que era entonces de más de un millón de personas, y se quiso hacer mediante el proceso de aniquilar físicamente a todos sus integrantes."
 
Avanzado
 
Cincuenta años después de que los primeros armenios comenzasen a ser deportados del Imperio Otomano y 20 años antes de que ningún otro gobierno reconociese oficialmente el episodio, Uruguay ya había tomado ese paso.
 
"Fue la modalidad que se encontró, el marco legal para establecer un reconocimiento legal del evento" comenta Federico Waneskahian.
Según él, son varios los factores que provocaron que se diera esa situación.
 
"Fueron necesarios 50 años de duelo para que una segunda generación de armenios estuviese preparada para hablar de un episodio tan doloroso", añade Waneskahian, quien también asegura que el momento internacional era favorable.
 
En 1965 se produjeron varias manifestaciones en países donde la diáspora armenia era importante, todas como reacción a la manifestación de miles de personas que tuvo lugar en la capital de la entonces república soviética de Armenia, y en la que se exigía el reconocimiento por parte de la Unión Soviética del genocidio.
 
Pero tuvieron que pasar décadas hasta que otros países iniciasen el proceso de reconocimiento ya iniciado en la nación sudamericana. "¿Por qué Uruguay? Porque en ese entonces el país ya gozaba de una tradición democrática arraigada, porque la sociedad civil tenía espacios de discusión y para presentar propuestas y porque los legisladores supieron escuchar a una generación que ya estaba preparada para enfrentarse a su pasado", afirma Waneskahian.
 
Cada 24 de abril Uruguay recuerda el día en el que la elite armenia fue arrestada, y que marcó el inicio de un episodio que dejó un millón y medio de muertos.
 
Desde el 2000, además, la cámara de diputados recuerda el genocidio en un acto oficial, y el año pasado el presidente uruguayo, José Mújica, participó en los eventos que se celebran cada año en la plaza Armenia de Montevideo.
 
A pesar de que su número no es especialmente alto (se estima que hay unos 20.000 armenios en Uruguay, comparados con los más de 130.000 de Argentina o los 40.000 de Brasil), el peso de esta comunidad en la vida pública es considerable.
 
"El 24 de abril no pasa desapercibido en la vida pública uruguaya", señala Waneskahian-
 
Una ley para la memoria
 
El Consejo Causa Armenia declaró en un comunicado que considera "un gran avance en la defensa de los derechos humanos la aprobación por parte de Francia del proyecto de ley que castiga la negación del genocidio armenio, a pesar de las fuertes presiones ejercidas por el estado turco".
 
El senado francés votó 127 a 86 a favor de la legislación, que, de ser firmada por el presidente, podría penalizar hasta con un año de cárcel y US$ 58.000 a aquellos que nieguen los dos genocidios que reconoce Francia: el Holocausto y el asesinato de más de un millón de armenios llevado a cabo por el imperio Otomano entre 1915 y 1923.
 
La propuesta de ley se ha encontrado con una enorme reacción de Turquía, que no reconoce los hechos como genocidio e incluso penaliza la afirmación de que hubo uno, ya que lo considera un insulto contra la identidad turca.
 
Pero los más de 400.000 armenios residentes en Francia no piensan lo mismo, y expertos creen que Sarkozy tuvo en cuenta sus votos de cara a las elecciones presidenciales que se celebrarán en el país galo este año.
 
En 2006 Turquía condenó la presentación del proyecto de ley, que al final no fue aprobado entonces, pero en diciembre del año pasado miembros del partido en el gobierno la revivieron y, tras ser aprobada en el Senado, necesita sólo la firma del presidente para convertirse en ley.

Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2012/01/120123
_francia_senado_arpueba_proyecto_ley_genocidio_armenio_jrg.shtml

 
 
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COMENTARIOS
 
Gregorio Meghdessian | Montevideo | Uruguay | 08/04/2012

Un pais muy chiquito pero con un gran corazòn, como no podìa ser de otra manera, el pueblo uruguayo, el que ayer cobijòa nuestros ancestros, hoy reconoce el genocidio perpetrado por el funesto pueblo turco. Mi agradecimiento a la actitud de las autoridades uruguayas que una vez mas estuvieron a la altura de las circunstancias como otras tantas. Gracias en nombre del pueblo Armenioñ.
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Carlos Artini | Caba | Argentina | 01/02/2012

Con el sano propósito de refrescar la memoria del amigo Federico Waneskaian e ilustrar a los lectores de los artículos publicados por la presna de Montevideo en ocasión de los planteos que en política relativa al caso del genocidio de armenios se viene realizando en estos días en Francia, reenvío el trabajo elaborado por Coriun Aharonian y expuesto en charla conferencia el 21 de Agosto de 2010 en la Facultad de Derecho de la República del Uruguay. Son material genuino y testimonio de uno de los protsgonistas principales de aquella gesta histórica para los armenios.


Coriún Aharonián



1965 y la primera ley de reconocimiento

del genocidio armenio



UN ESBOZO DE HISTORIA DE LA MESA COORDINADORA

DE ORGANIZACIONES JUVENILES ARMENIAS DEL URUGUAY

Y DE LA LEY URUGUAYA QUE SURGIÓ DE SU ACCIONAR



CONFERENCIA

para la Asociación Cultural Uruguay-Armenia

sábado 21-VIII-2010, 18:00 horas, Montevideo

Aula Pablo de María, Facultad de Derecho, Universidad de la República





FINAL DE LA HISTORIA



El 12 de mayo de 1966, a un año de la primera ley de reconocimiento del genocidio armenio, se reunía la Mesa Coordinadora de Organizaciones Juveniles Armenias del Uruguay (en armenio, Ovrovgovaha3 Yridasartax Mi]miovtynagan Tivan, Uruguahai Ieridasartats Michmiutenagán Tiván) para sellar la cesación de sus actividades y archivar los materiales. Los delegados presentes eran Nubar Markarián, presidente, que representaba al Instituto Cultural Ereván; Hayg Sahaguián, tesorero, que representaba al Movimiento pro Amistad e Intercambio Cultural Armenio-Uruguayo; el suscrito, secretario, que representaba a Unión Juventud Armenia; y dos vocales: Martín Vartabedián, que representaba a la Comisión Juvenil de la Asociación de Beneficencia de Damas Armenias, y Rubén Bechlián, que representaba a la Institución Armenia Estudiantil Hnchakián. Habían tenido lugar dos reuniones previas, el 17 de abril y el 3 de mayo de ese 1966, con asistencia como observadores, en la primera de ellas, de Moisés Chakerián, segundo representante del Movimiento pro Amistad e Intercambio Cultural Armenio-Uruguayo, y de Albert Keosseián, independiente.



Esto, en 1966. A 40 años de la creación de la Mesa Coordinadora, los tres sobrevivientes de esas reuniones decidimos abrir el archivo, que sólo había sido hollado – y debidamente descalabrado – por las manos de un camión de Fusileros Navales en un aparatoso allanamiento en el año 1972. El documento disponiéndolo, fue firmado, simbólicamente, el 24 de abril del 2003, en casa de Nubar Markarián, donde habían tenido lugar las reuniones de abril y mayo de 1966.



El acta del 12 de mayo de 1966 disponía la elaboración de un documento en el que se estableciera qué se había hecho desde 1963, qué se pensaba hacer (en lo inmediato y en lo mediato), las razones por las que no se había hecho lo que no se llegó a hacer, un plan actualizado, qué se necesitaba para realizarlo, y un ultimátum: qué se exigía de las instituciones. Los últimos puntos se dejaron para un futuro que no llegó. En lo hecho, se anotaba, en el plano cultural, la realización, desde 1963, del Mes de la Cultura Armenia. En el plano educativo, las iniciativas en relación con las escuelas armenias – a coordinar con el Consejo Central Administrativo Armenio – que se habían venido discutiendo en asambleas desde agosto de 1964. En el plano comunitario, el primer esbozo de censo general de la colectividad. Y en el plano de la Causa Armenia, la campaña en torno al homenaje postal argentino a Kemal Atatürk hacia fines de 1963, la realización en abril de 1964 de los actos conmemorativos del 49º aniversario del genocidio, el “Acuerdo de Montevideo” firmado por los organismos juveniles el 17 de noviembre de 1964, la puesta en funcionamiento de una Asamblea Representativa de la Colectividad Armenia del Uruguay, la concreción de la “Declaración de Montevideo” del 4 de enero de 1965, las tareas de documentación (incluidos el relevamiento de referencias en la prensa uruguaya de 1915 y las bases para un archivo fotográfico de las matanzas), y, finalmente, los actos conmemorativos de los 49 años y del Cincuentenario del genocidio, y la ley de recordación sancionada por el Parlamento y promulgada por el Poder Ejecutivo del Uruguay.



COMIENZO DE LA HISTORIA



El comienzo de la historia de la Mesa Coordinadora lo escribí (en un artículo sin firma, como era norma para los que fueran escritos por los de la casa) en el número 3 de octubre de 1963 del periódico mensual Harach, órgano oficial de Unión Juventud Armenia. Leo:



“En junio de 1960 la Liga de Jóvenes de Parecordzagán, hizo un llamado a las demás instituciones juveniles de la colectividad para organizar conjuntamente un acto en beneficio de los damnificados en los terremotos ocurridos en Chile, al que respondieron todas ellas. Ésta fue la primera labor conjunta de los jóvenes armenios del Uruguay; tradicionalmente divididos, se unían sin vacilaciones ante el dolor ajeno. Dos meses más tarde visitaba Montevideo S. S. Vasquén, Catolicós de todos los armenios. Ésta fue una nueva razón – y muy poderosa – para unir a los armenios. Y la precaria organización juvenil interinstitucional, cuya mesa estaba integrada entonces por Hampartsum Moumdjián (presidente), Hagop Karslián (secretario) y Papguén Zaruguián (tesorero) se puso nuevamente en movimiento. Luego, y durante más de dos años, no se supo nada del asunto, salvo alguna aislada convocatoria a reunión, sin mayor éxito.

“Teniendo en cuenta estos antecedentes, y con el firme propósito de bregar por una unidad estable, Unión Juventud Armenia solicitó – en julio del presente año [1963] – que fueran invitadas las instituciones miembros de aquel plenario con el fin de organizar conjuntamente el Mes de la Cultura [Armenia]. La primera reunión se realizó el 19 de agosto, con la asistencia de delegados del Centro Cultural y Deportivo Harunié, de la Institución Armenia Estudiantil, del Instituto Cultural Ereván y de la Liga de Jóvenes de Parecordzagán. Unión Juventud Armenia no pudo concurrir por razones de orden interno (no habían sido designados aún los delegados oficiales). El 5 de setiembre se realizó una nueva reunión en la que se aprobó la propuesta de UJA, y se mostró acuerdo unánime con el deseo expresado por nuestra institución [UJA], de que la labor conjunta no finalizara en octubre sino que tuviera un carácter permanente. [...] Pocos días después [el 9 de setiembre] solicitó su ingreso el Movimiento pro Amistad e Intercambio Cultural Armenio-Uruguayo. Una vez establecida definitivamente, la programación – que había sido elaborada febrilmente en los poquísimos días de que se disponía – fue presentada al Consejo Central Administrativo Armenio, y de inmediato se contó con su patrocinio.”



Corresponden varias anotaciones a este informe, que a 47 años de distancia me resulta, de todos modos, bastante objetivo.



– Por un lado, corresponde recordar que en 1963 el divisionismo dentro de la colectividad armenia no era menor que en otras épocas. Las fronteras entre los grupos políticos eran de acero, y los jóvenes de cualquiera de ellos eran inducidos a no comunicarse con los de las demás. Pero esto no era privativo de los grupos políticos, sino que era una enfermedad que aquejaba también a los sectores identificados con las varias iglesias – la nacional armenia, la católica, las protestantes – y, curiosamente, también a las instituciones que agrupaban a los armenios provenientes de una misma ciudad o provincia.



– Pero ya antes de 1960 se habían empezado a producir algunas desobediencias, y había algunos grupos de jóvenes reuniéndose por encima de fronteras. Algunos, no muchos. Yo integraba uno de esos grupos, de funcionamiento similar a las barras de jovencitos, y puedo testimoniar que la confianza generada entre sus integrantes ayudó a que el fenómeno Mesa Coordinadora se pudiera producir con menos sobresaltos de los que hubieran sido lógicos en una colectividad tan balcanizada.



– Por otra parte, las resquebrajaduras de las fronteras se hacían, curiosamente, por vías también institucionales. Los hermanos Moumdjián, dirigentes de la UGAB, por ejemplo, contrataban un programa sobre temas culturales en la hora radial Gomidás, perteneciente a la FRA. Lograban no tener incomodidades en la UGAB, y sobrevolaban las eventuales molestias que pudieran sentir algunos dirigentes de la FRA.



– Conociendo este contexto, resulta llamativo que alguien pudiera celebrar en un órgano del sector juvenil de uno de los partidos políticos – quizás el más cerrado a los otros – una iniciativa que, precisamente, saltaba por encima de las fronteras tan celosamente guardadas. Aun cuando el número 3 de Harach fue el último, la razón de la no continuación del periódico no fue en este caso la publicación de mi artículo, ni la del de Garabed Arakelián aparecido (también sin firma) un mes antes, en el número 2, celebrando la misma iniciativa de la Mesa con motivo del Mes de la Cultura Armenia. Arakelián escribía: “nuestra colectividad realiza esta experiencia de un trabajo conjunto, que esperamos no termine con el último día del mes de octubre, sino que se prolongará y adquirirá carácter permanente. Por lo simpático del gesto, por el alcance de indudable valor que tiene, esta decisión de los jóvenes necesita del apoyo moral y material de todos los integrantes de la colectividad, y todas las organizaciones e instituciones.”



– Obsérvese que mi artículo dejaba constancia del patrocinio del Consejo Central Administrativo Armenio, órgano aceptado como relativamente común a toda la colectividad, a pesar de haber estado, en buena parte de su historia, dominado por la Federación Revolucionaria Armenia. También el artículo de Arakelián lo hacía. ¿Por qué? Porque ése pretendía ser un movimiento de tablero de picardía institucional por parte de la Mesa, de astucia en la previsión del juego de equilibrios, acordada por los tres partidos representados en ella a través de sus grupos juveniles, y por parte de las instituciones consideradas políticamente neutrales. Hay un dato que no consigna Harach: la convocatoria realizada para el 29 de agosto no pudo concretarse por falta de quórum; asistieron solamente el Centro Cultural y Deportivo Harunié y la Liga de Jóvenes de Parecordzagán (el partido Ramgavar no tenía en la época una filial uruguaya y, a diferencia de otros países, UGAB/Parecordzagán no se identificaba aquí con dicho partido, al menos públicamente). Es probable que algunos de los ausentes ese día estuvieran rumiando qué hacer.



– La poco explicable iniciativa del órgano juvenil de la FRA – de proponer que se reviviera una comisión interinstitucional circunstancial creada tres años antes – tiene explicación, en realidad. Unión Juventud Armenia había recibido órdenes de trabajar en pro de la unidad de la colectividad armenia, entendida como paso previo para una labor conjunta por la así llamada Causa Armenia, que implicaba – en vísperas del cincuentenario del genocidio – reunir a todos los sectores en torno a la noble finalidad de recordar el genocidio y – entendíamos algunos de los jóvenes – reclamar por su reconocimiento.



– Decía que la iniciativa del órgano juvenil de la FRA tiene explicación, en realidad. Y es probable que la del Instituto Cultural Ereván tenga una parecida. ¿La tendría también la de la Institución Armenia Estudiantil Hnchakián? La FRA era una organización de miembros juramentados, con un alto nivel de secreto en su accionar.



– Veamos el trasfondo político. Ocurre que en su congreso mundial de 1962, la Federación Revolucionaria Armenia toma esa decisión de unir las colectividades en torno a la Causa Armenia, y esa decisión es comunicada a todas las filiales. En el Uruguay, la orden es trasmitida a la institución juvenil, pienso que porque la FRA/Tashnagtsutiún, generalmente reaccionaria, enfrentaba tanto en Argentina como en Uruguay el desafío desde fines de los cincuenta de una Unión Juventud Armenia rebelde, con muchos integrantes que, tras tomar conciencia de los orígenes socialistas del partido, pretendían rescatar esos principios fundacionales, y se daban a la peligrosa tarea de organizar cursos de capacitación en materia de historia armenia y en materia de socialismo. Cumplir con la orden del congreso delegándola en el sector juvenil podía ser una buena táctica para no tener que cambiar el rostro propio tan rápidamente – cosa que, por otro lado, no hubiera resultado creíble para los colegas de otras tiendas –, y para canalizar las inquietudes de los muchachos – que, dados los antecedentes inter-institucionales de 1960 y también los no-institucionales de las barras mencionadas, sí podía tener credibilidad –. Ya habría tiempo de meditar y de ir ajustando tornillos.



– En lo personal, tengo la hipótesis de que la FRA, tras su resolución de 1962, había establecido diálogo con las autoridades de Armenia Soviética en torno al tema del genocidio. O que éstas habían establecido diálogo con las de la FRA. Y quizás con las de los demás partidos de la diáspora. Si esto fuera cierto, aparecería una explicación de por qué pudo concretarse la iniciativa del hermoso memorial al genocidio inaugurado en 1965 en Armenia, concreción que, como es obvio, no pudo haber tenido lugar en pocas semanas ni haberse hecho en contra de la política del Partido Comunista de la URSS. Entre 1962 y 1965 habría habido tiempo para armar la trama. Pero esto es hipótesis, y ya habrá –¿habrá? – quienes lo confirmen o lo desmientan con documentos. La buena disposición del Instituto Cultural Ereván hacia la Mesa podía explicarse por la buena disposición de sus autoridades – y en especial de Nubar Markarián y de Garbís Ketzoián, presidente del Centro Nacional Armenio del Uruguay –, pero el franco apoyo del alto funcionario partidario radicado en Buenos Aires, responsable de la región, el señor Kricor Gueondjián, resulta más verosímil si se lo considera a la luz de una línea marcada desde Iereván.



– En todo caso, la situación no es igual en la Argentina, donde la iniciativa de un equivalente de la Mesa Coordinadora uruguaya no logra concretarse, a pesar de los reiterados y empecinados intentos de muchos jóvenes – y algunos no tan jóvenes – convencidos de su pertinencia. No me queda claro el papel de cada sector político en esto, pero también habrá – ¿habrá? – quienes lo estudien y desentrañen. Será interesante saber por qué la FRA tuvo actitudes diferentes de uno y otro lado del Río de la Plata, ya desde 1963 o 1964.



– Ocurre que la FRA uruguaya empezó a tener dudas pocos meses después de echar a andar la Mesa Coordinadora. El correspondiente “kordzich” o alto funcionario partidario para América del Sur radicado en Buenos Aires, Hovhannés Devedjián, viajó varias veces a Montevideo para tratar de que la filial uruguaya de la FRA le quitase el apoyo a la Mesa y diera orden a sus jóvenes de desmantelarla. Los jóvenes no obedecieron, convencidos como estaban de la nobleza de la iniciativa, y la asamblea de la FRA local votó reiteradamente en contra de Devedjián. La política de Devedjián respecto a lo que se estaba haciendo en el Uruguay, ¿representaba a su partido, o era una creativa iniciativa suya? Esto hubiera sido curioso, puesto que Devedjián, que había formado parte del gobierno de la República de Armenia previa al período soviético, se manifestaba como un hombre de los que hoy llamaríamos progresistas, es decir un izquierdista de centro. Claro que, por otra parte, se había enredado en Argentina con un sector relativamente joven de su partido vinculado abiertamente con la Masonería, y con posturas derechizantes. ¿Podía el reaccionario señor Oghoulián estar incidiendo en las posturas de su jefe Devedjián? Quizás algo, pero al parecer no del todo, puesto que al final del cuento Devedjián fue desactivado y “enviado a Siberia”, es decir a dirigir el colegio armenio perteneciente a la FRA, tal como había acontecido en el Líbano – ya en los cincuenta – con el ex primer ministro Simón Vratzián.



– Simón Vratzián había visitado Montevideo en setiembre de 1963, pero en un viaje extraño, intempestivo, tal como lo describía el número 2 de Harach en un artículo mío. Si no recuerdo mal, el discurso de Vratzián en el Club Vramián, sede de la FRA, no había sido precisamente optimista. ¿Cuál había sido el verdadero motivo de su viaje, organizado obviamente por su partido? ¿La FRA tenía novedades importantes que había que comunicar personalmente?



– Una de las claves de un posible viraje de 180 grados en las autoridades centrales de la FRA la suministra Jean-Marie Demaldent [1], que nos explica que la FRA se ha caracterizado precisamente por virajes de 180 grados. Demaldent sugiere “un viraje radical a partir de 1965”, pero su explicación no es muy clara. A la luz de la experiencia uruguaya, daría la impresión de que tal viraje, si existió, se produjo en 1963, o entre 1963 y 1964. De no ser así, la forma en que se entendió en Montevideo la orden de 1962 podría ser un maravilloso malentendido.



– Por otra parte, si en las dos primeras reuniones citadas para revivir la labor inter-institucional Unión Juventud Armenia no estaba presente, ¿cómo es que “no habían sido designados aún los delegados oficiales” de la institución que decía haber convocado esas reuniones? ¿Qué visto bueno se estaba esperando?



Volvamos a nuestro comienzo de historia. La primera reunión exitosa tuvo lugar el 5 de setiembre de 1963, decíamos. Las instituciones representadas fueron la Institución Armenia Estudiantil (Hrant y Iervant Ganemián, Albert Keosseián y Vartán Chekmeián), el Instituto Cultural Ereván (Nubar Balikián y Garabed Ohanián), el Centro Cultural y Deportivo Harunié (Hagop Karslián y Haig Kechichián), la Liga de Jóvenes de Parecordzagán (Hampartsum Moumdjián, Shaké Chakerián, Arturo Kessián y Margarita Saboundji) y Unión Juventud Armenia (Azniv Yafalián y Coriún Aharonián). Presidió Hampartsum Moumdjián, delegado de Liga, que había sido presidente de la agrupación de 1960. Ya de entrada, Azniv Yafalián propuso continuar trabajando conjuntamente luego de pasado el Mes de la Cultura, lo cual fue aprobado. Moumdjián propuso “pasar aviso al Consejo Central Administrativo” de las actividades que se planeaban. En una táctica que podría ser tildada de tashnag o bolchevique y sin entender el espíritu de quienes participaban en la reunión, el Movimiento pro Amistad e Intercambio Cultural Armenio-Uruguayo intentó fagocitar la iniciativa, proponiendo que, en vez de integrarse ellos a la organización que se creaba, esa organización se integrara a ellos. Tuvieron que integrarse ellos, claro.



Las reuniones se sucedieron rápidamente: el 9 de setiembre, el 13 de ese mes, el 16, el 20, el 23, el 27, el 1º de octubre. En la sesión del 9 de setiembre se adoptó el nombre Mesa Coordinadora de Organizaciones Juveniles Armenias del Uruguay, en un guiño que significaba una clara referencia a la Mesa Coordinadora que intentaba en ese tiempo unificar el movimiento sindical uruguayo, lo cual delata la postura progresista de la mayor parte de quienes participaban de la sesión (y la total inocencia de los restantes). El 16 de setiembre se resolvió pedir que las instituciones nombraran delegados permanentes. (Mientras tanto, en las reuniones de ese mes participaron, además de los ya nombrados, Garabed Arakelián por UJA, Perla Babikián, Carlos Hergatakordzián, Abraham Demirdjián y Haigaz Moumdjián por Liga, Hayg Sahaguián, Moisés Chakerián, Elizabeth Aharonián y Krikor Magarián por el Movimiento, y Martín Asolián por Ereván.)



Muy rápidamente, la Mesa generó institucionalidad. Hizo rápidamente papel membretado y sellos. Y empezó a emitir regularmente comunicados dirigidos a las emisoras radiales de la colectividad, otros dirigidos a la prensa del Uruguay, y aun otros dirigidos a las publicaciones armenias de la diáspora y a organismos de la propia Armenia.



El primer Mes de la Cultura Armenia funcionó sorprendentemente bien, con lo que el espíritu de seguir adelante se vio fortificado. Los locales fueron el salón de actos de la Facultad de Arquitectura, el Centro de Artes y Letras de El País y el Salón Cultural Armenio. Hubo una conferencia de prensa el 3, y cuatro conferencias: del historiador argentino Narciso Binayán (padre) (presentado por el uruguayo Ariosto Fernández) sobre “Introducción a la historia armenia” el 4, de Monseñor Pascual Tekeyán sobre “Aspectos de la literatura armenia” el 11, de quien les habla sobre “Introducción a la música de los armenios” el 18, y del Arq. Artín Erganián sobre “Esquema histórico de la arquitectura armenia” el 25. El 30 hubo una mesa redonda sobre temas de artes plásticas con Ohannés Ounanián y Eduardo Markarián. Y el 31 un acto de clausura con los dos coros existentes en la colectividad, el de UJA y el de la UGAB, más el conjunto de danzas Gayané perteneciente a Ereván.



Entretanto, se había iniciado en Buenos Aires una campaña en contra de la emisión de una estampilla de correo homenajeando a Kemal Atatürk. La joven Mesa Coordinadora decidió sumarse a la lucha, trajo de Buenos Aires las contra-estampillas impresas como protesta, y lanzó su propia campaña el mismo día del cierre del Mes de la Cultura. Buena coartada para quienes querían que la Mesa fuese una institución estable, y mejor coartada para quienes deseaban embarcarla en lo relacionado con el cincuentenario del genocidio.



Un comunicado de prensa cuenta que “el 2 de diciembre de 1963 la Mesa se constituyó como órgano permanente, por resolución tomada por las instituciones que la integraban en base al resultado positivo de más de tres meses de trabajo en común”.



EL PRIMER 24 DE ABRIL



Una vez asumida la responsabilidad de la conmemoración del aniversario del genocidio, la Mesa fue tomando un carácter mucho más responsable. El 24 de abril se conmemoraba año a año, desde las primeras etapas de la colectividad armenia, en territorio bendecido por la Iglesia armenia. Era un acto solemne, con pocos señores que hablaran y muchos “números artísticos”, y no se aplaudía. El público señalaba su duelo con silencio. Resultaba realmente sobrecogedor. El desafío que se le presentaba a la Mesa Coordinadora no era, pues, menor.



Teniendo claro que lo que se hiciera en 1964 sería, de un modo u otro, un ensayo general para el cincuentenario, la Mesa planificó con la mayor responsabilidad posible sus acciones. Hubo una multitudinaria “marcha del silencio” por la avenida 18 de Julio, desde Plaza Independencia hasta Plaza Cagancha, y un acto oratorio en el Ateneo de Montevideo en el que participó, entre otros, el diputado Enrique Martínez Moreno. Por primera vez, sin abandonar las ceremonias religiosas realizadas en los templos, se había mostrado el luto fuera de los locales de la colectividad. La mayor parte de los comercios de propiedad de armenios permanecieron cerrados el 24 de abril con carteles indicando el duelo. La ciudad fue cubierta con afiches conmemorativos, diseñados por Daniel Erganián. Los pasacalles que acompañaron la marcha habían sido hechos por un equipo de jóvenes comandados por los estudiantes de arquitectura de origen armenio. La opinión pública empezó a estar informada del significado del 24 de abril, y las figuras políticas también. Los órganos de prensa de la diáspora armenia recibieron un informe de lo ocurrido acompañado de fotografías. Algunos de ellos, principalmente los políticamente independientes, los publicaron con grata sorpresa. Otros guardaron un significativo silencio, que anunciaba comportamientos posteriores de los partidos políticos.



El 25 de abril, se envió un telegrama al secretario general de las Naciones Unidas, U Thant.



Entretanto, se había podido confeccionar un primer padrón de la colectividad, combinando esta tarea con la recolección de donaciones. La Mesa había cortado por lo sano la dependencia de las instituciones establecidas: el dinero se obtenía pidiéndolo al pueblo directamente. La campaña se realizó mediante equipos voluntarios que recorrieron sistemáticamente los distintos barrios de la ciudad de Montevideo. Del uso del dinero se rindió cuentas públicamente. El padrón resultante, de utilidad múltiple para una labor seria, sería luego fundamental para que la campaña para los fondos del cincuentenario pudiera ser más efectiva. Se había continuado generando, además, una serie de repartidos con información sobre el genocidio. Éstos, y los comunicados de prensa, eran hechos a mimeógrafo, con la colaboración de varios mecanógrafos voluntarios encargados de picar las matrices (sus iniciales constan al pie de cada impreso).



Tomando conciencia del racismo implícito en culpabilizar de la matanza de armenios, genéricamente, a “los turcos”, la Mesa había decidido que en toda la cartelería y en todos los textos se hablara de una acción del gobierno turco. A pesar de su apariencia menor, se trató de una medida significativa, de real importancia en la educación para un accionar responsable. Años después, en otras colectividades se continuaba todavía con formulaciones de tipo xenófobo, y aun en el propio Uruguay se volvió una y otra vez a hablar de “los turcos”.



Pasada la experiencia de la conmemoración abriliana, se inició en agosto, dice el mismo comunicado de prensa, “un estudio de la situación de la enseñanza en la colectividad local, para lo cual [se] contó con la valiosísima colaboración de la casi totalidad de profesores de idioma armenio y de maestros normalistas armenio-uruguayos. Se elaboró un informe técnico y se llamó a mesa redonda a toda la colectividad. Posteriormente, y por resolución de la segunda mesa redonda realizada, la Mesa Coordinadora se abocó a la tarea de colaborar con el Consejo Central Administrativo Armenio y con las principales organizaciones de la colectividad, en la búsqueda de soluciones a la difícil situación existente en materia educacional.” Hasta aquí lo que nos dice el comunicado.



Luego, en octubre, fue el segundo Mes de la Cultura Armenia. A un año del primer ejercicio organizativo, se buscó y se logró una actividad más amplia. Hubo una programación oficial de la Mesa, y actos autónomos de distintas instituciones y programas radiales de la colectividad. Hubo una conferencia de prensa, hubo un ciclo de conferencias en el Salón Cultural Armenio y nuevamente en la Facultad de Arquitectura, hubo un ciclo de cine en Cine Club del Uruguay, y hubo además un ciclo de 6 audiciones radiales por CX 26 del SODRE (con retrasmisión por onda corta) y un ciclo de 5 emisiones de televisión por Canal 5, perteneciente entonces al mismo SODRE. En las conferencias participaron Ashod Ardzruní, de Buenos Aires (“Etapas importantes de la historia armenia”), Elizabeth Aharonián (“Historia de la educación armenia”) y el equipo integrado por Artín Erganián, Abraham Karadnayán y Hayg Sahaguián (“La cultura en la Armenia del siglo V”). El ciclo de cine, con 21 funciones a sala llena, se tituló “Los armenios y el cine”. Se exhibieron filmes realizados en Armenia Soviética y por directores armenios en la diáspora (Rouben Mamoulian, Henri Verneuil), así como películas uruguayas realizadas total o parcialmente con participación de descendientes de armenios. Hubo además fragmentos de filmes con participación de actores destacados de origen armenio (Charles Aznavour, Akim Tamiroff, Grégoire Aslan). En las audiciones radiales participaron Garabed Arakelián, Kourken Aharonián, Monseñor Pascual Tekeyán, y el suscrito. En los programas de televisión, María Luisa Torrens, Jorge Ángel Arteaga, un equipo integrado por Mario Kalemkerián y los arquitectos Artín Erganián, Digrán Maisián y Kenariós Vartián, y el conjunto de danza Gayané dirigido por Rosa Chakijián.



Mientras tanto, se avanzaba en otros frentes. El 17 de noviembre de 1964 se firmó un acuerdo entre las instituciones integrantes, acuerdo sin antecedentes en la diáspora armenia. Decía así:



“Las instituciones integrantes de la Mesa Coordinadora de Organizaciones Juveniles Armenias del Uruguay, luego de la exitosa y positiva experiencia del trabajo en común, interpretando el anhelo de todos los armenios de la diáspora, deciden dedicar sus esfuerzos a la defensa de los auténticos derechos del pueblo armenio y – en oportunidad del 50º aniversario de las matanzas de Abril – promover la movilización total de la diáspora, para reclamar ante las Naciones Unidas:

1) La correspondiente indemnización por los daños y perjuicios ocasionados por la masacre de 1915.

2) La devolución de los territorios armenios actualmente en poder de Turquía.

Con este fin, resuelven hacer un llamado a todas las organizaciones juveniles, políticas, benéficas, regionales, religiosas y demás, para agruparse y formar un amplio movimiento de toda nuestra colectividad entorno a estos postulados.

Montevideo, 17 de noviembre de 1964.

Institución Armenia Estudiantil Hnchakián

Instituto Cultural Ereván

Movimiento pro Amistad e Intercambio Cultural Armenio-Uruguayo

Unión Juventud Armenia”



Hoy día yo cuestionaría estos planteos, y quizás enfáticamente el primero de ellos. Pero ha transcurrido casi medio siglo más. Y creo que esos dos puntos reflejan lo más decantado de lo que en 1964 podía lograrse como acuerdo entre los distintos grupos políticos.



Como consecuencia del llamado planteado en la parte final del documento de noviembre de 1964, el 4 de enero de 1965 se logró, en asamblea, una declaración que rompía por primera vez las fronteras inter-institucionales, y que reunía las firmas, además del Consejo Central Administrativo Armenio, de las siguientes instituciones: Casa Armenia Hnchakián, Centro Nacional Armenio del Uruguay, Club Vramián, Iglesia Evangélica Armenia, Iglesia Evangélica Armenia de la Hermandad, Unión de Auxilio de Damas Armenias, Unión de Jóvenes Evangélicos Armenios, Unión Compatriótica de Baghchá, Unión Compatriótica Armenia de Marash, Unión Compatriótica de Zeitún, Unión Compatriótica de Amanós, Unión Compatriótica Armenia de Iosghat, además de las entonces cuatro que integraban la Mesa: Institución Armenia Estudiantil Hnchakián, Instituto Cultural Ereván, Movimiento pro Amistad e Intercambio Cultural Armenio-Uruguayo y Unión Juventud Armenia. Pocas semanas después se sumaron la Unión Compatriótica Armenia de Aintab, la Organización de Damas del Centro Nacional Armenio del Uruguay, y la Organización Juvenil de la Asociación de Beneficencia de Damas Armenias.



La asamblea del 4 de enero se convirtió pronto en una asamblea permanente con la que la Mesa discutía con “las bases” sin intermediaciones de tipo ninguno. Obviamente, no resultó del agrado de los burócratas ni de los mediocres con podercito.



Como se puede observar, entretanto se había retirado de la Mesa la Liga de Jóvenes de Parecordzagán, por orden de su órgano jerárquico, la Unión General Armenia de Beneficencia. Pero la UGAB dejaba en libertad de acción a su gente, y, de hecho, buen número de jóvenes de ese sector continuaron participando de las actividades. Ante el retiro de la institución, la presidencia de Hampartsum Moumdjián pasó a Nubar Markarián, delegado del Instituto Cultural Ereván.



EL SEGUNDO 24 DE ABRIL



Los pasos previos al cincuentenario incluyeron un concurso para la creación de un eslogan (que no dio frutos), y un par de concursos para la creación de un afiche y de un signo o logo. El concurso de afiches tuvo como ganadores a Áyax Barnes (primer premio A), a Daniel Erganián (primer premio B) y al equipo de Jorge Carrozzino y Ángel López Valin (segundo premio). El jurado, prestigioso, estuvo integrado por la crítica Celina Rolleri y los arquitectos Alberto Muñoz del Campo (director del Museo Nacional de Bellas Artes) y Fernando García Esteban. El concurso de signos tuvo como ganadores a Mabel Medina Bóveda y Ángel Medina Medina (primer premio) y a Carlos Massimino y Alfredo Fuchsberger (segundo). Los jurados fueron Miguel Ángel Pareja, Jorge de Arteaga y el mismo Alberto Muñoz del Campo. Los trabajos ganadores se expusieron en el Centro de Artes y Letras de El País inmediatamente después de los actos del cincuentenario.



Fuera de los concursos, se ampliaron los repartidos con información sobre el genocidio y materiales vinculados. Se recogieron firmas para un “petitorio abriliano”. Se reinició la recaudación de dinero, y se trató esta vez de recabar más datos que pudieran significar un primer esbozo de censo de la colectividad. La ciudad fue recorrida por 17 equipos de entre 3 y 5 integrantes, que contaban con un mapa de la zona que les correspondía, estructurado por Kenariós Vartián a partir de un estudio de densidades de población hecho sobre la base de los datos de 1964. Se inició por otra parte una tarea de documentación de la presencia del genocidio en la prensa uruguaya de la época, tarea asumida por un equipo entre cuyos integrantes se encontraban Azaduhí Arakelián, Shaké Chakerián, Pedro Keuroghlián, y quizás Mary Saghatián y Rebeca Boyadjián.



Las tareas de preparación del cincuentenario habían incluido las conversaciones con legisladores acerca de las posibilidades de generar una respuesta parlamentaria. De esas conversaciones, se fue aprendiendo la utilidad histórica o la inutilidad de los diferentes caminos que se podían recorrer. Un encuentro con Enrique Martínez Moreno en casa de los padres de Moisés Chakerián fue determinante para lo que ocurriría ese 24 de abril. Martínez Moreno estaba particularmente interesado en la convención sobre genocidio de las Naciones Unidas, y especialmente molesto porque Uruguay no la había refrendado todavía. Entendía que hacer un planteo desde la tipificación de genocidio permitiría no sólo concientizar a los parlamentarios uruguayos sobre la imperiosa necesidad de sumarse a los países partícipes de esa convención, sino sobre todo generar una instancia que hiciera posible la discusión del tema armenio a nivel del Derecho Internacional Público. La Mesa le dio el visto bueno, y Martínez Moreno redactó, junto a sus compañeros de bancada de la lista 99, el proyecto que pasaría a ser la primera ley en el mundo que reconociera el genocidio armenio, 20 años antes que ningún otro país, incluidos la propia Armenia, e incluidos los países del norte con elevada población armenia, como Líbano y Estados Unidos. El proyecto de ley llevó, además de la de Martínez Moreno, las firmas de Zelmar Michelini, Hugo Batalla y Aquiles Lanza.



Como se ha tergiversado mucho su contenido, me parece importante compartir aquí con ustedes su texto. Dice así:



“Artículo 1º. - Declárase el 24 de abril próximo «Día de recordación de los mártires armenios», en homenaje a los integrantes de esa nacionalidad asesinados en 1915.

Artículo 2º. - Las emisoras del Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica deberán en esa fecha realizar parte de su programación en homenaje a la mencionada nación.

Artículo 3º. - Autorízase a los descendientes de armenios que desempeñen funciones públicas a faltar en dicha fecha a sus oficinas.

Artículo 4º. - Comuníquese, etc.

Montevideo, 29 de enero de 1965.



Enrique Martínez Moreno

Representante por Montevideo



Hugo Batalla

Representante por Montevideo



Aquiles R. Lanza

Representante por Montevideo



Alfredo F. Massa

Representante por Montevideo



Zelmar Michelini

Representante por Montevideo



Alberto M. Rosselli

Representante por Florida”



Y seguía una “Exposición de motivos”:



“Hace ya años el Uruguay signó un tratado por el que se repudia toda forma de genocidio.

“En este año de 1965 se cumplen los cincuenta años de uno de los genocidios más terribles que ha conocido la historia. En tierras del Cercano Oriente, en lo que era el viejo y ya decadente imperio otomano, en las mismas tierras en que pasaron en otro tiempo los asirios arrasando pueblos y masacrando cuanto ser viviente quedaba, se cometió con terrible frialdad, el peregrinaje hacia la muerte del pueblo armenio, cuya destrucción había determinado previamente un núcleo tan joven como despiadado de políticos.

“El hecho de que fuera durante una conflagración mundial, de que mediaran entonces excusas de carácter bélico, de que la persecución universal quedara un tanto atenuada por la conmoción permanente que fuera el frente occidental, y las malas comunicaciones con el imperio otomano, determinaron que el acontecimiento no tuviera entonces la trascendencia que lógicamente debió de haber tenido.

“El conocimiento mismo del problema, denunciado en Inglaterra, en Estados Unidos y en otros países aliados, fue llegando siempre con tardanza, y su misma magnitud no se confirmó sino a través del tiempo. Un pueblo entero fue condenado a morir. Se pretendió desechar en un país a una minoría, que era entonces de más de un millón de personas, y se quiso hacerlo por el procedimiento de aniquilar físicamente a todos sus integrantes.

“Examinados los acontecimientos en esta segunda post-guerra pueden parecer menos importantes que los del genocidio del pueblo judío llevado despiadadamente a cabo por los nazis, pero sin embargo se puede afirmar que fue tan fríamente planeado como aquél y llevado a cabo con una crueldad increíble.

“Han pasado los años, y el destrozado pueblo armenio ha padecido en mil caminos antes de rehacerse en la diáspora. La historia de cada familia, es la narración de incontables padecimientos, crueldades, persecuciones y finalmente la ansiada fuga que pudo lograr el milagro de la reconstrucción de la nacionalidad en el destierro. Más de un millón de asesinados es la síntesis de uno de los genocidios más brutales, en los que se ensañó contra los armenios la diferencia de religión, costumbres y culturas en el medio hostil en que le tocó en desgracia actuar.

“Los similares con las persecuciones efectuadas por los nazis son tan grandes que, a veces éstos parecen imitadores de «los jóvenes turcos». Hasta el mismo léxico es usado: así es como Abdul Hamid decía: «el modo de acabar con la cuestión armenia es acabar con los armenios». Y en frase que pudo parecer una profecía otro de los verdugos, Talaat Bey, afirmaba: «Después de esto no habrá cuestión armenia por cincuenta años».

“Hoy los armenios son una dispersa nación, que vive constituyendo una minoría nacional en casi todos los países civilizados. Se han integrado en todas partes y sus componentes son excelentes ciudadanos, útiles, laboriosos y pacíficos en todos lados. Pero siguen manteniendo vivo el espíritu nacional que determinó su sacrificio, siguen aferrados a su religión, a sus costumbres, a su deseo final de que un día la colectividad mundial de países les reconozca como nación su derecho a tener un solar nacional en donde puedan vivir su destino histórico.

“Han vuelto los armenios a ser una colectividad numerosa. Varios millones son hoy los que viven y se destacan en la Unión Soviética y otros países de Europa y cientos de miles por lo menos son los que se arraigaron en nuestra América. En nuestro país varios miles se integraron con el correr del tiempo y constituyeron una numerosa y progresista colectividad.

“Hoy todos piensan que este año de 1965, debe de ser un año de recordación del millón de armenios exterminados hace medio siglo, y todos tienen el anhelo de que este recuerdo tenga el significado de un homenaje mundial a las víctimas de esa persecución, y a la vez de ratificación del principio de repudio a toda forma de genocidio.

“Hace cincuenta años, en un célebre discurso pronunciado por Lord Bryce en la Cámara de los Lores el 6 de octubre de 1915, decía que «la única probabilidad de salvar lo poco que queda de esta antigua e infortunada nación cristiana está en que la opinión pública se haga sentir en el mundo entero, y especialmente en las naciones neutrales». Los hechos negaron entonces razón al parlamentario británico, pero cabe afirmar a los cincuenta años de la masacre, que quienes quedaron al margen de este episodio como países deben hacer una pausa para recordar, para homenajear a este pueblo occidental en costumbres pero insertado en la meseta del bíblico Monte Ararat, cristiano por una temprana determinación que provocara quince siglos más adelante su casi aniquilamiento, culto y trabajador por tradición.

“Los legisladores que firman este proyecto han pensado que el Parlamento debe sancionar una ley por el que se declare el 24 de abril de este año día de recordación de la tragedia del pueblo armenio, como homenaje a sus mártires y a la vez como ratificación del repudio que nuestro país siente por toda forma posible de genocidio. El hecho de que el día sea laboral no impedirá sin duda de que tal declaración tenga toda la trascendencia que la importancia de tal recordación supone.

“Tales los principales fundamentos tenidos en cuenta para la presentación de este proyecto de ley.”



Al pie, la misma fecha, 29 de enero de 1965, y las mismas seis firmas: Martínez Moreno, Batalla, Lanza, Massa, Michelini y Rosselli, en orden alfabético excepto el redactor Martínez Moreno.



Al tercer punto se le agregó en el Parlamento, por iniciativa de Enrique Erro, un cuarto punto, que decía:



“Desígnase con el nombre de «Armenia», la Escuela de 2º grado Nº 156, del Departamento de Montevideo”.



La instancia parlamentaria fue muy interesante, y se estuvo varias veces al borde de que no se pudiera aprobar a tiempo por ambas cámaras. La Cámara de Diputados dio su aprobación el 6 de abril. El senado quedó sin número cuando lo trataba el día 7, y lo sancionó en la noche entre el 20 y el 21 de abril. El Consejo Nacional de Gobierno fue más expeditivo, por suerte, y promulgó la ley el 22 de abril.



Los actos públicos del cincuentenario se centraron en una “marcha del silencio” realizada el viernes 23, nuevamente por la avenida 18 de Julio, pero recorrida esta vez en sentido contrario, desde Plaza Cagancha hasta Plaza Independencia, encabezada en la oportunidad por sacerdotes de las diversas iglesias. Participó un grupo de miembros de la colectividad armenia de Buenos Aires. El equipo de arquitectos y estudiantes de arquitectura había remozado los pasacalles. Las calles de Montevideo lucían ensangrentadas con el pegado masivo del afiche de Áyax Barnes. La marcha finalizó con un acto oratorio en el Teatro Solís, del que participaron el cónsul de Grecia, un representante de la colectividad de Buenos Aires, y varias figuras políticas del Uruguay, representando a diversos sectores. La capacidad del Solís se vio largamente desbordada, quedando fuera gran cantidad de público.



El sábado 24, de acuerdo a la flamante ley, se trasmitieron programas especiales en las emisoras de radio y televisión del SODRE. En la mañana, se llevó a cabo una misa solemne en la Iglesia nacional armenia, oficiada por Monseñor Nersés Dolabdjián y el padre Shnork Kasparián. El domingo 25 se realizó un “culto de recordación a los mártires armenios” en la Iglesia Evangélica Metodista Central, a cargo de los pastores Emilio Castro y Guillermo Milovan. El lunes 26, una misa solemne en rito armenio en la Catedral de Montevideo, oficiada por Monseñor Pascual Tekeyán y el padre Karabashián, con uso de la palabra de Monseñor Raúl Gómez Tizze.



El martes 27 se llevó a cabo una sesión solemne de la Junta Departamental de Montevideo en homenaje a la colectividad armenia del Uruguay. Simultáneamente, se realizó en el edificio de la Junta una exposición de fotografías del genocidio.



DA CAPO



Mientras todo esto ocurría, los partidos de la diáspora conspiraban. Había que terminar con la Mesa, y ésa fue la orden que recibieron, al parecer, los distintos grupos políticos, de común acuerdo con el señor Antonio Rupenián, que había encabezado el único sector de la colectividad que se mantuvo fuera de la labor mancomunada de la Mesa Coordinadora. Y ésa fue la orden que, bajo el aspecto de campañas de descrédito u otros mecanismos insidiosos, se trasmitió a las instituciones cuyos dirigentes no respondían a partidos políticos. El problema central era, quizás, que con una colectividad unida se acababa el negocio – y el sueldo – de los especialistas en dividir para reinar – y para lucrar –.



Dejémoslo claro: no un partido, sino los distintos partidos políticos de común acuerdo. ¿Por qué el partido Hnchakián, que le gruñía al partido Tashnagtsagán todos y cada uno de los días, daba a sus jóvenes la misma orden de desmantelamiento, la misma orden de detención de una trabajosísima construcción que había permitido concretar un hecho absolutamente inédito para los armenios y sus descendientes?



Fue muy duro, para quienes estuvimos trabajando sin tregua esos dos años de mediados de 1963 a mediados de 1965, encontrarnos acorralados por cosas turbias. Ninguna colectividad armenia del mundo había llegado tan lejos. Ergo, había que aislarnos porque éramos portadores de peste. Un par de años después, Hovhannés Devedjián me invitó a cenar a su casa en Buenos Aires. Me trasmitió afecto y aprecio.



Curiosamente, tampoco en Armenia la cosa fue diferente. El fenómeno de la Mesa Coordinadora del Uruguay y el logro de la ley de 1965 no despertaron mayores entusiasmos allí. Al menos, si los hubo, nunca nos llegaron.



La ley, frente a tanta tontería, se las arregló para ser un punto de referencia histórico. A pesar de los múltiples intentos de varios dirigentes políticos (y radiales) de la colectividad armenia de adueñarse solapadamente de su autoría. A 45 años de promulgada, esa ley sigue siendo una rareza, que convierte al Uruguay en un país pionero en el reconocimiento del genocidio, se le llame como se le llame. Otros países se permitieron pasar de largo al lado del genocidio, y no homenajearon a los muertos armenios hasta el 70º aniversario, o más tarde aún. Otros, todavía no lo han hecho.



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[1] Jean-Marie Demaldent: Préface. En: Gaïdz Minassian: Guerre et terrorisme arméniens. Presses Universitarires de France, París, 2002, p. XIV.
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